Septiembre es, junto a enero, el mes de los grandes propósitos y, ¿qué mejor propósito que el de cuidarse a uno mismo mientras cuidas el medio ambiente? ¿Realmente conoces los efectos que produce la agricultura que utiliza agresivos agroquímicos únicamente para obtener una mayor rentabilidad de las tierras? Primero te contaremos algunos de los mayores y más peligrosos riesgos en los que estás incurriendo. ¿Eras consciente de ellos al cien por cien?

FACTORES DE RIESGO

El grado de toxicidad de algunos pesticidas no sólo depende de la sustancia de la que se trate, aunque es la razón de peso que más debemos tener en cuenta, ya que dependiendo de la agresividad de los elementos químicos que componen tal sustancia, el riesgo ante el que estaremos expuestos será mayor o menor. Sin embargo, otros de los factores que nos llevan a potenciar el riesgo que supone estar acumulando estas sustancias tóxicas en nuestro organismo son los siguientes:

Por un lado, respirar estas sustancias nocivas y/o estar en contacto directo con nuestra piel. Respirando sustancias tóxicas, estamos dando luz verde a las toxinas para caminar a sus anchas por nuestro organismo. Las toxinas viajan hacia nuestras mucosas y órganos vitales como son los pulmones y todo el aparato respiratorio para derivar directamente a la sangre. Sin embargo, ingiriéndolas, no estamos sino potenciando ese efecto, ya que estamos haciendo a esas sustancias tóxicas formar parte de nosotros mismos, siendo una de las causas profundas de las mutaciones de las células que podrían derivar en enfermedades y tumores a largo plazo.

Por otro lado, el tiempo de exposición. Cuanto más tiempo hayamos estado ingiriendo estas toxinas, mayor será el número de papeletas que tenemos en el bolsillo para desarrollar enfermedades. Ya existen estudios que establecen relaciones muy estrechas entre ciertas patologías y este hábito alimentario. Además, es también un factor muy importante la densidad de exposición: el hecho de comer una mayor cantidad de alimentos tratados con agroquímicos bioacumulables nos convierte en seres más vulnerables a sus efectos en el tiempo.

Finalmente, y este factor es quizá uno de los más importantes, la predisposición genética de nuestro organismo para tolerar la presencia de este tipo de componentes en nuestro cuerpo, además de la edad y nuestra sensibilidad particular.

En definitiva, podemos concluir que el riesgo es la suma del grado de toxicidad con el tiempo y el grado de exposición, teniendo en cuenta el factor genético particular de cada persona.

5 MOTIVOS PARA SUMARTE AL CONSUMO ECOLÓGICO

Después de que hayas descubierto el peligro que supone para salud y el medio ambiente el consumo de alimentos tratados con sustancias químicas sintéticas, llega el momento de que descubras por qué has de sumarte a la dieta ecológica:

1. Al no poseer sustancias químicas artificiales como pesticidas, fertilizantes químicos o aditivos sintéticos, los alimentos cultivados en huertos ecológicos no alteran tus funciones metabólicas, proporcionándote un proceso digestivo cien por cien natural y exento de agentes externos e innecesarios que puedan dañar tu organismo.

2. En la agricultura ecológica no hay lugar para la transgénesis (alimentos OGM). En realidad, todavía no existen estudios que demuestren si los alimentos transgénicos suponen un peligro directo o a largo plazo para la salud. Sí se han empezado a contemplar sus consecuencias sobre el medio ambiente, ya que conducen la agricultura hacia la homogeneidad biológica. Sin embargo, de lo que sí existen ya claras evidencias es de que existe una relación directa entre el consumo de alimentos transgénicos y algunos cambios en el metabolismo humano, a la par que la pérdida de sabor y otras propiedades intrínsecas a cada tipo de alimento.

3. La agricultura ecológica es totalmente partidaria de la diversidad biológica, por ello, los huertos ecológicos son los más respetuosos con el medio ambiente. El cultivo orgánico es el menos contaminante, ya que no utiliza sustancias químicas artificiales que puedan dañar a la fauna de tu huerto e incluso a la calidad de tus propios cultivos. Además, a partir de la selección natural de semillas, la agricultura orgánica contribuye a preservar la diversidad de cultivos y a mejorar cada vez más la calidad de éstos.

4. Los alimentos ecológicos cumplen las más rígidas normativas de calidad, ya que todos los agentes que intervienen en el proceso de cultivo ecológico están sujetos a los estándares de calidad europeos, ya sea en el proceso de cultivo, envasado o incluso de etiquetado y distribución.

5. Tomates que saben a tomates y naranjas que saben a naranjas. ¿Cuántas veces has escuchado… “estos tomates no saben a nada” o “cuando yo era pequeño, las naranjas eran sabrosas”? Y no solo eso, seguro que has comido en alguna casa de campo en la que cultivaban sus propios alimentos y realmente “los tomates sabían a tomate”. Piénsalo: es muy triste que los alimentos que poseen su verdadero sabor sean motivo de nostalgia cuando deberían ser (como ya lo fue) algo más que cotidiano.

Cuídate, contribuye a cuidar el medio ambiente y recupera el viejo sabor de las cosas consumiendo productos ecológicos. ¿Te animas?

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